El 8 de marzo se conmemora una manifestación realizada en este mismo día, pero en 1857, la cual fue convocada por miles de trabajadoras de la industria indumentaria, quienes abarrotaron las calles de la ciudad de Nueva York exigiendo mejores condiciones laborales. Esta protesta fue brutalmente reprimida y dejó un aproximado de 120 mujeres muertas. 

Posteriormente, en 1908, nuevamente las trabajadoras de este sector se levantaron para exigir mejores salarios, derecho a la sindicalización, así como una reducción de su jornada laboral (lo cual, irónicamente, y 116 años después, se parece bastante a las demandas actuales de las trabajadoras de la maquila). Esta movilización hizo que, en 1910, la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas declarará al 8 de marzo como el Día de la Mujer. Sin embargo, fue hasta 1977 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas formalizó la fecha. 

La primera conmemoración de este día se llevó a cabo un 28 de febrero en Estados Unidos, de conformidad con una declaración del Partido Socialista de los Estados Unidos de América. Esta tradición continuó cada último domingo de febrero hasta 1913.

 

¿De dónde viene el color morado del 8M y la lucha feminista?

Una de las versiones más sonadas alrededor de este día, es la que se relaciona con la fábrica de blusas Triangle Shirtwaist, también de Nueva York; la cual se incendió y, a causa de las pésimas condiciones estructurales del espacio, las trabajadoras quedaron atrapadas y la mayoría de ellas perdieron la vida. Las cifras oficiales apuntan a 146 decesos.

Se dice que, a causa de los colorantes usados en la fábrica, el humo que salía de Triangle Shirtwaist era morado. Para recordar esta tragedia, fue el tono elegido para continuar con la batalla de las mujeres trabajadoras de la industria indumentaria, quienes no sólo iniciaron la conmemoración del 8M, sino también muchas de las movilizaciones más poderosas en torno a las luchas obreras de las mujeres y el sindicalismo.

 

¿Cómo se relacionan estos hechos con la actualidad? 

En 2021, sucedió una de las tragedias más grandes en la historia de la industria indumentaria. En Dacca, la capital de Bangladesh, el Rana Plaza -un edificio con varios talleres textiles- se derrumbó a causa de sus malas condiciones. En el desastre murieron 1134 personas. 

De acuerdo con el Diario El País: “El día anterior al colapso se supo que habían aparecido grietas profundas en el edificio. Algunos empleados rogaron que no los enviaran adentro, o accedieron a hacerlo por miedo a perder sus salarios. En algún momento antes de las nueve de la mañana, los pisos comenzaron a caer dejando solo intacta la planta baja. Los sindicatos aseguraron que no fue un incidente laboral y lo llamaron un homicidio industrial masivo”.

Aunque debe reconocerse que se ha avanzado bastante, es cierto que aún es necesario superar muchos obstáculos para conseguir que las personas trabajadoras de la industria indumentaria accedan a salarios dignos, prestaciones de ley, jornadas laborales menos extensas, así como a espacios de trabajo que garanticen su seguridad.

Las exigencias de las y los obreros del sector resuenan con fuerza. Se escuchan especialmente las voces de las mujeres, quienes son mayoría en la industria y, al mismo tiempo, son las más vulneradas en sus espacios de trabajo

La lucha feminista, de las mujeres sindicalistas y de las trabajadoras de la indutria indumentaria sigue más vigente que nunca. La meta  es crear un sector digno y libre de violencia donde todas puedan sentirse seguras.

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