Mauricio Hernández, codirector de Jade. Propuestas Sociales y Alternativas al Desarrollo, y Jeimy Valencia, coordinadora de Proyectos de la misma organización, coinciden en que su historia familiar les ha guiado al lugar en el que se encuentran en este momento. Es la herencia un impulso de muchos tipos: en este caso, les ha servido como un motor para cambiar las cosas y luchar por un escenario laboral más justo. 

 “Mi abuela era costurera a domicilio, y me tocaba ver todo lo que hacía para salir adelante. Yo vengo de una comunidad indígena maya del estado de Yucatán, y justo por toda esta estructura mi abuela se casó joven, muy joven. Ella tenía un contexto de violencia más cercano. Mi abuela costuraba y como parte de su propia resiliencia y resistencia, también bordaba. Esto me ha hecho pensar en el tema de las violencias y cómo nos han ido atravesando: a mi abuela, a mi madre y a mí. Por eso estudié derecho, para transformar algo”, explica Jeimy.  

Por su parte, Mauricio narra que su camino está sumamente influido por las mujeres de las que desciende: “En mi caso ha sido todo un proceso. Yo siempre me identifico como una persona que está en tránsito, en deconstrucción de muchas situaciones. Yo creo que también tuvo mucho que ver la familia en el tema de visibilizar la precariedad laboral de personas cercanas. Eso siempre te deja marcado. Por eso crecí con esta sensibilidad, especialmente respecto a las injusticias que recaen sobre las mujeres de Yucatán. Desde muy joven identifiqué estas inquietudes, por eso cuando nació la idea de fundar Jade Sociales ya tenía muy claro lo que quería hacer y en qué temas quería centrarme”. 

Mauricio, guiado por el deseo de cambiar las cosas, se unió a Raquel Aguilera para dar a luz a Jade Sociales en el año 2019. Y luego de la pandemia por coronavirus, su línea de trabajo se enfocó principalmente en el género y los derechos laborales. Sin embargo, también han abordado temas relacionados con la democracia participativa y la sustentabilidad.  

“Yo complemento las temáticas que tratamos diciendo cómo lo hacemos. En general, nuestros ejes de trabajo son la incidencia pública y la investigación, así como el acompañamiento y la asesoría. En incidencia pública, por ejemplo, hemos sido muy efectivos con proyectos de trabajadoras del hogar remuneradas; incluso tenemos vigente una mesa multisectorial local, con autoridades y organizaciones de trabajadoras”. 

Actualmente impulsan un estudio sobre los contextos relacionados con  violencias laborales, lo cual se suma a uno de sus proyectos más grandes: el Centro de Acompañamiento a Trabajadoras de Yucatán, en el que siguen de cerca los diferentes casos donde se vulneran los derechos de las obreras y, además de brindarles asesorías, las capacitan para que ellas mismas puedan ayudar a sus compañeras y para que tengan una conciencia más clara de los diferentes pasos a seguir para exigir lo que les corresponde.  

De esta manera, Jeimy y Mauricio se sirven de las marcas íntimas, de la herencia que les han brindado las mujeres de su linaje,  para apostar por nuevas prácticas que lleven a un futuro donde el trabajo digno sea la norma. 

 

 Otros ritmos, otros lenguajes y otras maneras de resistir  

 Para Mauricio y Jeimy es esencial acercarse al tema laboral con una mirada interseccional y de género que permita observar las complejidades que viven las obreras de la industria indumentaria. En su opinión, es necesario tomar en cuenta que el caso específico de Yucatán está marcado por una distinción territorial y colonial que se expresa a través de situaciones como el racismo, la discriminación y la segregación, las cuales se ven reflejadas en los espacios de trabajo 

 “Hay que tomar en cuenta el legado colonial que todavía permea los roles de género y las relaciones que actualmente se tienen en muchos sectores. Específicamente es importante porque a nosotros ese análisis histórico de contexto nos hace ver que la apuesta aquí tiene que ser, sobre todo, por visibilizar, promover y garantizar los derechos laborales de los sectores no representados. Al fin y al cabo, si nosotros empezamos a visibilizar y a subir esa exigencia desde esta base, las transformaciones hacia arriba tienen mucho mayor fuerza”, expresa Mauricio.  

 De acuerdo con el fundador de Jade Sociales, es de suma relevancia recordar que en Yucatán la identidad maya está viva, por eso es indispensable mirar los retos de la industria en esta región desde la interculturalidad, tomando en cuenta las violencias específicas que atraviesan a quienes pertenecen a las comunidades indígenas, que son personas usualmente en condiciones de mayor precariedad.  

 Jeimy, por su parte, sostiene que es necesario entender que gran parte de las costureras aprendieron el oficio a través de otras mujeres de su familia y, muchas veces, tienden a creer que su trabajo no tiene suficiente valor. Por eso es tan importante hacerles saber que merecen un trabajo justo, que tienen derecho a descansar, que existen y llevan en sí mismas la agencia necesaria para nombrarse, exigir y usar su voz. 

 Sobre este tema, en el ensayo Cuando las mujeres fueron pájaros, Terry Tempest Williams habla sobre el “nushu”, una escritura secreta creada, principalmente, por aldeanas sin preparación académica, de Jiangyong, un condado de China. Se trataba de un lenguaje propio, una escritura inventada que transmitían de madre a hija y entre amigas cercanas. Era su manera de comunicarse fuera de los límites que otros les habían marcado.  

 De igual manera, las mujeres trabajadoras de la maquila tienen sus propios lenguajes, ritmos y prácticas para resistir. Mauricio y Jeimy se sumergen en este tema y afirman que lo más esencial en el acompañamiento que realizan, es respetar el ritmo de las obreras y no obligarlas a nada. 

 Sobre esto, la filósofa Lucrecia Masson, en su libro Escrituras rumiantes, afirma que hay un ritmo vertiginoso que el sistema de producción ha impuesto; un ritmo atroz, caótico, incapaz de la pausa y totalmente indiferente a las circunstancias de cada individuo. La autora propone volver al ritmo lento de las vacas, a su capacidad de mirar alrededor y no al frente, a su potencial para observar hacia otros lugares de dignidad que no estén marcados por el progreso -es decir, por la modernidad y su discurso de explotación colonial-.  

 De esta forma, Jade Sociales también apuesta por un ritmo distinto, por mirar humanamente a las otras personas y así comprender que cada quien lleva consigo una propia velocidad. En sus palabras, respetar eso es el primer paso para acompañar a las mujeres trabajadoras sin vulnerarlas más de lo que el propio sistema ya lo ha hecho.  

 “Nosotros nos adaptamos a ellas y no al revés. Lo más importante es entender que entre todas nos estamos fortaleciendo; entre todas estamos hablando el mismo lenguaje; entre todas sabemos que nos estamos nombrando desde las experiencias que hemos tenido”,  comparte Jeimy.   

 Para la escritora y pensadora Yuderkys Espinosa, es de suma relevancia volver a la experiencia, a expresarse desde el contexto propio, a escuchar los saberes del cuerpo, a visibilizar las violencias encarnadas y creer en el conocimiento que cada persona lleva en sí misma, especialmente cuando se trata de comunidades históricamente violentadas.  

 En este sentido, con el fin de colectivizar esas experiencias encarnadas y de construir procesos de escucha comunitarios, Jade Sociales generó un encuentro de mujeres trabajadoras donde también estuvieron presentes autoridades locales.  

 Fue un espacio de diálogo que resultó de un largo proceso de investigación y trabajo en campo. Su objetivo era claro: crear un foro seguro donde ellas pudieran conversar abiertamente y entender que los abusos que las atraviesan son sistemáticos. 

 Jeimy relata que “este diálogo fue un momento de despertar y decir: lo que me pasa a mí, también le sucede a otras mujeres.  Y así nació también la necesidad de encontrarse en y con las otras, y ese fue el corazón del encuentro. En el centro estuvo la palabra, hablar de lo que está pasando en términos de los derechos y las reformas laborales, así como de los contextos de cada mujer que estuvo allí y, sobre todo, nos importaba impulsarlas a trabajar en conjunto”.  

 Durante este evento las participantes expresaron su satisfacción por compartir con otras, aprender nuevas cosas y revelar otras miradas. De acuerdo con Jeimy y Mauricio, estaban felices porque hablaban por sí mismas, porque son costureras y eso es algo importante para ellas y por fin estaban siendo escuchadas. 

 “Al final nos agradecieron por abrir el espacio. Nos dijeron que ahora, cuando lo necesiten,  ya sabrán a dónde ir. Y ese fue el cierre más bonito que pudimos tener: porque ahora Jade Sociales no es quien las acompaña, sino que ellas ya se acompañan una a la otra”, narra Valencia.  

 

“Estamos aquí por las señoras” 

En el corto pero nutrido camino de Jade Sociales han sido muchos los baches, pero también los logros. Ambas caras de la moneda les han dejado una serie de aprendizajes que les permiten planificar las acciones a futuro. 

En este sentido, Mauricio señala: “un aprendizaje que yo destacaría es que no podemos bajar la guardia en las situaciones que están sucediendo en Yucatán, sobre todo con la incorporación del Tren Maya. Por ejemplo, estas nuevas inversiones hacen ver que este es un terreno fértil para que, si nos descuidamos, se expanda esta cultura de precarización laboral, de explotación de recursos naturales y de las personas. Y otro aprendizaje es que estamos donde tenemos que estar, pero necesitamos analizar muy bien cuál es ese lugar en el que nos encontramos como región; creo que este sería un aprendizaje que puede unificar el centro de acompañamiento a trabajadores en Yucatán para los próximos años”. 

 Por su parte, Jeimy asegura que: “aquí  entendimos que las costureras nos ven como un impulso de esperanza, entonces ese fue el mayor aprendizaje. También el tema del conocimiento, porque si bien es cierto que nosotros tenemos una formación, al aterrizarlo con ellas es diferente y vamos aprendiendo en conjunto. Además, lo que ellas nos comparten nos permite visibilizar los diferentes contextos que hay, las distintas exigencias y las múltiples formas para ayudar”. 

De acuerdo con Mauricio y Jeimy, es crucial no perder de vista los retos que todavía hace falta superar, entre los cuales se encuentra la descomposición sistémica. Para ir más allá de esto, opinan, son fundamentales la promoción de derechos y las transformaciones culturales que rompan con la precarización laboral, el racismo y la discriminación, sobre todo al tratarse de las mujeres mayas.  

 También les preocupa que en medio de una crisis  en Yucatán, hay muy pocas organizaciones que atiendan este tema y que colaboren en el proceso de sensibilización empresarial y de las mismas poblaciones, ya que, justamente, en este trabajo está la clave para desmitificar la idea de los derechos laborales como  cuestiones inalcanzables o como alternativas que le representan pérdidas a las compañías.   

Es entre la desorientación y el rumbo claro, entre lo informe y lo concreto, donde Jade Sociales se  detiene para mirar los panoramas posibles, las alternativas y las diferentes voces que pueden ayudar a solventar las problemáticas actuales. En medio de todo esto se encuentran también los diferentes motores que les animan a seguir; para Mauricio, además de las mujeres trabajadoras, su sostén es ver cómo la organización crece a pasos agigantados, cómo cada vez más personas se acercan y reconocen su trabajo. 

Por su parte, Valencia resuena con las palabras de la joven escritora mexicana, Jimena González: “Escribo (…) para que todas podamos ser nombradas. Alzo la voz para no negarnos, porque tenemos nombre y no dejaremos que lo olviden”.  Para Jeimy, el principal combustible son “las señoras” y su fuerza para salir de ese lugar de ausencia donde las han querido recluir: “Ellas son lo principal, porque no solo estamos hablando desde las organizaciones, están hablando ellas, se están nombrando, se están encontrando. Eso me inspira todos los días: ver a una mujer que está exigiendo sus derechos, que hace valer su voz.  Nosotras, nosotros, estamos aquí por las señoras. Aún con las compilaciones, ellas nos recuerdan hacia dónde vamos”.