El pasado 16 y 17 de noviembre, Iniciativa Arropa llevó a cabo un encuentro donde participaron las organizaciones aliadas que conforman este proceso colaborativo. El evento se realizó en un hotel de la Ciudad de México, donde se dieron cita defensoras y defensores de los derechos humanos laborales, provenientes de diferentes partes de la República mexicana.  

El primer día, al entrar al salón donde se realizaron las actividades, todas y todos aparecían con cierta sutileza en la mirada, a la expectativa de lo que ocurriría. Pronto el silencio se convirtió en conversaciones tímidas que animaban el espacio y, para dar inicio a la integración de las personas participantes, se jugó al bingo. De esta forma las aliadas se dieron a la tarea de conocerse, estrechar manos, caminar por el espacio, hablar con más volumen y reír.  

Este comienzo fue el augurio de un encuentro que transitó por el reconocimiento de lo humano, por la alegría, por la posibilidad de construir alternativas de un futuro digno para todas, todos y todes. 

De esta manera, la imaginación se posicionó como punto de partida y reconocimiento. Se planteó que lo esencial es romper con las enseñanzas a partir de las cuales se nos hace abordar el futuro desde lo trágico y, en cambio, se apostó por urdir posibilidades de cambio; romper con la idea de visualizar siempre el fin del mundo, y empezar a tramar el termino de los sistemas de opresión; fracturar el individualismo y crear consensos, espacios que también sean redes de apoyo para transformar las condiciones actuales. 

En palabras de Patricia Carmona, la coordinadora de Iniciativa Arropa: “Si nos enfrascamos en lo negativo perdemos mucha oportunidad de ver otras alternativas. Es importante plantear el futuro desde la oportunidad, porque eso permite ver salidas posibles”.  

 

Día 1: la indignación como una fuerza centrífuga  

Si algo se hizo presente, fue la idea constante de volver al pasado para analizar los avances, así como las trabas; para de esta forma tener claro quiénes son los agentes que están jugando los papeles más importantes en el escenario laboral del momento, y así analizar cuáles son los rumbos a seguir. 

Fue justamente en el recuento del pasado y la prospectiva del futuro, donde las personas aliadas coincidieron en que sus esfuerzos están impulsados por el fuerte deseo de defender la vida y, en ese camino, es importante no perder de vista la protección del medioambiente. 

Claudia Ignacio, del Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos (CIEDH), contó que anteriormente se dedicaba al trabajo relacionado con la defensa del territorio y así, desde la práctica, se dio cuenta de que el cuerpo de las y los trabajadores es su primer espacio de defensa. 

Tal como lo menciona la pensadora Lorena Cabnal: el cuerpo, la tierra y el territorio son tres aspectos inseparables uno del otro. Y así lo declaró Alma Rosa: “Hay que poner la mirada en la cuestión del medioambiente porque ahí es donde se juegan los modos de producción, ahí están las prácticas extractivistas que regulan y nos van marcando la pauta de cómo estamos insertas en el medio laboral. No es que vayamos con la práctica humana y el medioambiente caminando por otro lado. Tenemos una interrelación, nos construimos de manera interdependiente y creo que está mirada siempre la tenemos que poner en práctica, porque ahí también se está jugando nuestra vida”. 

También se mencionó que, en el camino de defensa muchas veces hay que enfrentarse con la desesperanza, ante esto las y los asistentes señalaron que la indignación es el motor que les sostiene en movimiento cuando todo lo demás se va. Es la rabia y la capacidad de no voltear la mirada, de no mantenerse al margen de las injusticias lo que puede mantener encendida la lumbre de su lucha, de sus esfuerzos, de sus deseos.

Desde estas reflexiones se acordó que lo principal es, desde la digna rabia, poner la defensa de la vida al centro de todo.   

Día 2: construir nuevas narrativas 

Para darle forma a otro mundo posible, primero se deben elaborar nuevas narrativas y relatos que funcionen para nombrar las realidades soñadas. En este sentido, se planteó la idea de redistribuir el poder, poniendo a las personas trabajadoras como la sustancia primordial.  

Eva Padilla, del Comité Fronterizo de Obreras, mencionó que para ella es urgente la educación popular, lo colectivo y no tratar a las mujeres trabajadoras como personas sin voz, sino todo lo contrario: hacer silencio para que ellas hablen y, sobre todo, entender que el aprendizaje es de ida y vuelta. En su opinión, ellas también tienen mucho que enseñarles a quienes forman parte de las organizaciones o colectivos de defensa de los derechos laborales: “Son las mujeres trabajadoras quienes nos dan las herramientas para seguir y nos dan sus propios testimonios de lucha, nos impulsan a crear los proyectos, a que trabajemos por ellas”.  

Raquel Aguilera, de Jade. Propuestas Sociales y Alternativas al Desarrollo, afirmó que el cambio de narrativas también necesita validar otros saberes. Por ejemplo, explicó, habría que comenzar por entender que las verdades coloniales de la academia no son las únicas, que la experiencia sí es una forma de conocimiento, que las personas trabajadoras llevan muchos saberes fundamentales encarnados en sus cuerpos, que se debe descolonizar el lenguaje y la manera en la que miramos el mundo, para entonces tener otras perspectivas fuera de las lógicas de razonamiento del norte global.  

Para seguir repensando y, posteriormente, poner en práctica el cambio de discurso, Norma Malagón, de la Red de Mujeres Sindicalistas,  se refirió a los sueños y la esperanza como dos posibilidades para cambiar los relatos y con ello la realidad. Aunque las lógicas de brutalidad apuntan a lo duro, lo metálico, lo maquinal y, sobre todo, al razonamiento positivista como única forma de construir mundo, existen otros caminos. De acuerdo con Malagón, resulta evidente que los lenguajes de la dureza han desembocado en una profunda crisis donde la vida en todos los sentidos se ha visto en peligro. 

“Yo pienso que, aunque comparto a veces el pesimismo, sin esperanza, sin sueños, sin ganas de que las cosas cambien, no hay ese empuje para seguir luchando. Escuchándolas a todas pensaba en cuando empecé a trabajar en todo este tema, y desde entonces hasta ahora las condiciones de las mujeres han mejorado. Entonces creo que sí, en esta lucha los sueños y la esperanza son muy importantes”, concluyó Norma.  

Y en esta misma senda, en la búsqueda de nuevos futuros que no desemboquen en la destrucción, se pensó en abogar por lo vulnerable, por lo gozoso, por acercarse a percibir, a experimentar el mundo con tactos más suaves, más abiertos y comprensivos. 

Sobre esto, Whaley, la facilitadora de las actividades realizadas durante el encuentro -que se llevaron a cabo con una metodología creada por Ana Sofía Ruiz, del Laboratorio de futuros opinó que: “Hacer este trabajo para nosotros es haber encontrado gozo, satisfacción, y no solo de pasarla bien, sino de hallar una satisfacción muy profunda al participar en estos procesos de provocar intimidad. Creemos que el juego favorece la cercanía; creemos que gozando uno también se pone mejor dispuesto a hacer y transformar”. 

Para cerrar el encuentro, las personas participantes buscaron sus miradas y se reconocieron unas a otras; encontraron sus sueños, sus dolores, su cansancio en los gestos de sus colegas; reconocieron el hartazgo y también la rabiosa urgencia de hacer algo en las palabras de quien se paraba a su lado; recordaron que la vulnerabilidad es un rasgo de potencia, de valentía. También se aplaudieron para honrar el camino andado, para compartir una misma certeza: hacer futuro es una práctica de todos los días que se puede llevar en solitario, pero más vale si es en compañía de otras, otros y otres que también sueñan con un mundo digno.